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CRC v. HAI: Bellegarde expone a Costa Rica (2-0)

Lunes, 28 de Septiembre de 2026

Por Enrique Rivera

El desajuste que no se corrigió a tiempo

El 2-0 de Haití sobre Costa Rica se fabricó en la zona que la tricolor ya había dejado expuesta ante Curazao. El mediocampo no contuvo, los laterales no cerraron espaldas y el primer tiro claro a puerta terminó en gol. Desde el minuto 8 el partido dejó de ser una disputa por el control y se convirtió en una administración caribeña de espacios, con Costa Rica obligada a remontar sin haber resuelto la misma grieta estructural que arrastraba de la fecha anterior.

Haití plantó un 4-2-3-1 con circulación de pie a pie, amplitud real por las bandas y un mediapunta capaz de aparecer entre líneas. Costa Rica salió con presión media-alta y líneas cortas, intentando repetir el tramo inicial que le había funcionado contra Curazao. Esa intención duró poco. El primer arranque tico trajo un centro de Barahona y una media vuelta de Josimar Méndez que Alexander Pierre resolvió sin drama. Fue la única señal de que el plan de robo alto podía generar algo. Minutos después, la superioridad haitiana en la construcción dejó a la tricolor sin respuesta.

Bellegarde castigó el choque de coberturas

El 1-0 nació de una secuencia simple y reveladora. Haití elaboró con Jen Jaquez y Lucio Dixon, abrió el campo y encontró a Jean-Rigner Bellegarde en la zona del borde del área. El volante del Wolverhampton remató limpio al palo izquierdo. En esa jugada, Orlando Galo y Sebastián Acuña se estorbaron en la cobertura central. El vacío entre ambos evidenció a un doble pivote que no coordinaba saltos ni distancias. Bellegarde aprovechó que la primera línea de contención tica le regaló el pasillo.

Ese gol invertir el sentido del partido. Costa Rica había salido a apretar; al quedar abajo tan temprano, la presión alta perdió sentido táctico porque ya no protegía un empate ni un resultado en construcción. Haití, con la ventaja, tocó con más paciencia, abrió a Providence por izquierda y a Dixon o Picol por derecha, y empezó a atacar las espaldas de Araya y Barahona con centros y transiciones. La tricolor insistía por bandas sin profundidad real. Mora y Alcocer no encontraban el último pase, y Méndez, libre entre líneas, era el único capaz de hilvanar una llegada con criterio.

Abraham Madrid tuvo poco margen. El patrón que ya se había visto ante Curazao se repitió: tiro claro a puerta, gol. Los remates nítidos del rival terminaron adentro y los de Costa Rica, cuando llegaron, encontraron a Pierre.

La espalda de Araya y el 2-0 que liquidó la primera mitad

El segundo tanto, al minuto 38, cerró el tramo decisivo. Haití salió en transición por la derecha con Fafá Picol y Dixon. El centro al segundo palo encontró a Picol ganándole la espalda a Darryl Araya. El remate del delantero haitiano terminó en propia puerta de Francisco Calvo, según el registro de CONCACAF. Más allá de la autoría oficial, el mecanismo fue el mismo que había sostenido el dominio caribeño durante media hora: lateral tico desbordado, falta de cobertura del mediocampo y llegada fácil al área sin que la línea de cuatro reaccionara a tiempo.

Calvo, capitán y referencia de la zaga, quedó expuesto en una acción que nació de una transición mal frenada. El desorden no era solo de marca en el área; era de contención varios metros atrás. Sin un volante que achicara y sin laterales que cerraran el carril interior, la defensa quedaba a merced de centros al segundo palo.

Al descanso el 2-0 era un reflejo fiel del territorio. Haití había administrado posesión, castigado costados y convertido sus dos momentos de claridad. Costa Rica no había sostenido la presión inicial, no había corregido el pivote y no había generado una secuencia ofensiva de tres pases seguidos con remate real. El contraste con el buen tramo de arranque ante Curazao era evidente: mismo once, mismos agujeros, resultado todavía más temprano en contra.

Torres y López empujaron sin resolver la última pasada

Fernando Batista reaccionó al inicio del complemento con un doble cambio. Salieron Carlos Mora y Sebastián Acuña; entraron Gerson Torres y Douglas López. El movimiento buscaba dos cosas a la vez: más llegada por fuera y una corrección en el mediocampo que había colapsado en el primer tiempo. Durante un tramo de unos quince minutos, Costa Rica por fin sostuvo ataques seguidos. Hubo centros, un cabezazo de Méndez, un remate de Mitchell y córneres. Pierre respondió con puños y salidas seguras. Fue el único pasaje en que la tricolor puso el área haitiana bajo estrés real.

Ese empuje, sin embargo, no corrigió el déficit de punta de lanza. Los centros llegaban sin un desmarque de ruptura consistente, y los tiros libres se diluían sin remate limpio. Haití no se desordenó atrás. Mantuvo la línea de cuatro, rotó cuando hizo falta y esperó el error en la última pasada tica. Al minuto 60, Batista cambió la referencia de área: Dorian Rodríguez por Orlando Sinclair. Casi en paralelo, Haití refrescó bandas con Yacine Fortuné y Danny Yen por Picol y Dixon. El efecto fue asimétrico. La tricolor buscaba un delantero distinto para el mismo tipo de centro; el rival renovaba la velocidad que ya le había ganado el costado.

Méndez solo no alcanza cuando el resto no sostiene

Josimar Méndez fue la excepción positiva costarricense. Remató, condujo, recuperó y apareció entre líneas cuando el equipo no encontraba salidas. En el arranque del partido y en el mejor tramo del segundo tiempo, cada aproximación seria pasó por él. Su salida al minuto 75, reemplazado por Kendall Mitchell, coincidió con la dilución definitiva de la amenaza tica. Sin el volante ofensivo que unía recuperación y llegada, Costa Rica quedó con centros laterales y poco más.

El duelo clave del partido había sido el del mediocampo haitiano, Bellegarde y Jaquez, contra la doble contención de Galo y Acuña. Ese cruce lo ganó Haití de forma temprana y nunca lo entregó. El segundo duelo decisivo fue el de las bandas caribeñas contra los laterales ticos: Providence por izquierda y el eje Dixon-Picol por derecha generaron superioridad, centros y la acción del 2-0. El tercero fue Méndez contra la línea de cuatro haitiana y Pierre. Ahí Costa Rica empató tramos, pero no convirtió.

Galo tuvo un partido flojo en duelos y en lectura de cobertura. Acuña salió en el entretiempo precisamente porque el pivote no había sostenido distancias. Madrid quedó cuestionado no tanto por una atajada fallida espectacular como por el patrón de vulnerabilidad ante el primer remate limpio. En el otro arco, Pierre hizo lo que un portero debe hacer cuando su equipo lidera 2-0: sostener centros y cerrar el tramo de reacción rival sin regalar rebotes.

Lo que deja el partido en la tabla y en el plantel

Haití suma seis puntos en dos fechas del Grupo A y se acerca a los cuartos de final de la Liga de Naciones. Es una selección con base de jugadores formados fuera, criterio para circular y velocidad para castigar espaldas. Jugó en Sabina Park, Kingston, como local neutral, y manejó el partido con la tranquilidad de quien convierte temprano y después elige cuándo soltar el freno.

Costa Rica encadena su segunda derrota en el certamen, después del 3-4 ante Curazao, y queda al borde de quedarse fuera de cuartos mientras pelea también por no descender de Liga A. El balance de 2026, con cinco derrotas y un empate según el registro de prensa, agrava la presión sobre Batista. El problema que muestra el partido no es solo de nombres en la hoja de cambios. Es de coordinación en el doble pivote, de laterales que quedan solos ante desborde y de una generación que depende en exceso de un volante ofensivo para producir peligro.

El cierre del encuentro, con Galo saliendo por Andrei Soto en descuento, fue un trámite. El resultado ya estaba decidido desde el primer tiempo, cuando Haití encontró el pasillo central y después la espalda del lateral. Costa Rica mejoró la intención ofensiva después del 46′, pero nunca recuperó el control territorial que perdió al minuto 8. Ese orden de los hechos, grieta en contención, gol temprano, dominio rival por bandas, autogol de transición y reacción sin filo, explica el 2-0 con más claridad que cualquier suma de minutos aislados.