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Costa Rica 3-4 Curazao: remontada tras el 3-0

Sábado, 26 de Septiembre de 2026

Por Enrique Rivera

El margen de tres goles se sostuvo en un sistema que Batista decidió abandonar

La derrota de Costa Rica ante Curazao se explica por una decisión de lectura en el complemento. El jueves, en el Ricardo Saprissa, la Sele llegó al descanso 3-0 con un bloque intermedio compacto, recuperaciones altas y transiciones limpias. Esa estructura, con línea de cuatro, controló duelos y territorios. Pasada la hora de juego, Fernando Batista replegó a tres centrales y cinco atrás, sacó a dos delanteros y dejó a Josimar Méndez como referencia ofensiva aislada. En el mismo tramo, Dick Advocaat metió a Kenji Gorré, Jordi Paulina y Tahith Chong. En veintún minutos el visitante marcó cuatro veces. El partido se cayó porque el equipo local renunció al mecanismo que había construido la ventaja.

Bloque intermedio, bandas y efectividad antes del descanso

El primer tiempo de Costa Rica funcionó por densidad entre líneas y por castigo rápido. Orlando Sinclair abrió el marcador al minuto 3 con un remate cruzado tras superar la marca y vencer a Eloy Room. Carlos Mora amplió al 23′ y cerró el tramo con el 3-0 en el 45’+1, un disparo rasante desde fuera del área al palo derecho que Room no alcanzó. La secuencia del tercero resume el plan: combinación por derecha entre Carlos Barahona y Josimar Méndez, rebote fuera del área y definición de Mora. Pocas llegadas claras, tres goles.

Méndez fue el eje de ese tramo. Presionó la salida rival, ganó duelos y conectó con Barahona en la construcción del tercer tanto. Sebastián Acuña acompañó en la recuperación del bloque intermedio. Barahona, por su lado, cerró el sector derecho que Curazao intentaba activar con Yarel Margarita y mantuvo el duelo a favor mientras el sistema era de cuatro atrás. El visitante apenas avisó al 41′, cuando Livano Comenencia remató desviado tras una mala salida de Francisco Calvo. Fue el recordatorio de que el 2-0 todavía no estaba administrado; el gol de Mora al cierre del tiempo extra local lo dejó, de todos modos, en 3-0.

La amarilla a Méndez cerca del 43′ condicionó su segundo tiempo, pero no explica el vuelco. El problema llegó después, cuando el cuerpo técnico movió piezas que todavía resolvían.

La apuesta por el tercer central y la pérdida del medio

Batista no tocó el once al salir del vestuario. Conservó el mismo XI con todos los cambios disponibles. La modificación fuerte llegó entre el 60′ y el 65′. Salieron Josimar Alcócer y Orlando Sinclair; entraron Gerald Taylor y Kényel Mitchell. Costa Rica pasó a línea de tres o cinco, con Méndez reubicado como nueve. El objetivo aparente era cerrar espacios y proteger la ventaja. El efecto real fue otro.

Con Sinclair afuera se evaporó la referencia de área y la presión alta que había molestado a la zaga caribeña. Con Alcócer también fuera se perdió desborde. Méndez, ya amonestado y desgastado, quedó solo arriba en un rol que no era el de su mejor aporte del primer tiempo. Acuña y Orlando Galo dejaron de recibir la misma densidad de apoyo: el mediocampo se estiró hacia atrás y Curazao empezó a filtrar pases entre líneas.

Barahona lo describió con claridad después del partido. En línea de cuatro ganaba los duelos de frente; en línea de cinco el rival lo atacaba a la espalda. Calvo y Mitchell pidieron desde la cancha volver al dibujo anterior. La corrección llegó tarde, cerca del 85′, cuando ya perdían 3-4 y Barahona salía por Dorián Rodríguez para rearmar cuatro atrás con Taylor por derecha. Para entonces el marcador estaba definido.

Tres ingresos visitantes, cuatro goles en campo propio

Advocaat leyó el mismo tramo con la intención opuesta. Sacó a Jürgen Locadia, Arani Marta y Yarel Margarita; metió a Gorré, Paulina y Chong. Los tres tocados del partido entraron frescos contra un bloque local que acababa de replegarse y de perder circulación.

El 3-1 llegó al 62′. Paulina recibió, recorrió y centró incómodo; Gorré entró solo y definió de derecha al palo cruzado. La narración del partido señaló desajuste en la nueva línea, con Taylor expuesto en la marca. Cuatro minutos después, Chong, recién ingresado con el dorsal 21, resolvió una pared en zona de ataque y clavó un remate cruzado al palo derecho. 3-2. El mediocampo tico ya no marcaba la primera línea de pase; Curazao encontraba paredes y llegada desde fuera del área sin oposición real.

El empate al 78′ expuso el colapso de la salida. Un error en la construcción local, con responsabilidad señalada sobre Aarón Murillo, quien había entrado minutos antes por Galo en un intento de recomponer el medio, dejó el balón en zona peligrosa. El remate pegó en el palo y Gorré apareció solo por izquierda para empujar el 3-3. El vuelco se completó al 83′: ataque por izquierda, centro al área chica y empujón de Paulina para el 4-3. Los cuatro goles visitante salieron de jugadores que habían empezado el partido en el banco.

La inversión territorial fue total. Costa Rica había dominado los primeros 45 minutos con recuperaciones y transiciones. Después del 60′, con el repliegue y los frescos de Advocaat, el partido se convirtió en un ejercicio de ataque-defensa en campo tico. La Sele reaccionó a trompicones y no recuperó el control del balón ni de las bandas.

La espalda de la línea de cinco y el duelo que se inclinó

El duelo decisivo del complemento fue la banda derecha costarricense contra el desborde visitante. En el primer tiempo Barahona había ordenado ese sector. Con cinco atrás, los extremos y volantes de Curazao, Gorré en particular, atacaron el espacio a su espalda una y otra vez. El primer descuento nace de un centro incómodo que encuentra a Gorré sin marca. El empate también lo encuentra solo por izquierda. El gol del 4-3 repite el patrón de ataque por esa orilla y centro al área.

Calvo, referente testimonial de la zaga, acumuló señalamientos de marca floja en el tramo del vuelco. Abraham Madrid, titular sorpresivo justificado por Batista por continuidad en el club, recibió cuatro goles sin que la narración le cargara culpas claras de arco: lo quemó el desorden delante suyo. La línea dejó de coordinar distancias, anticipaciones y coberturas en cuanto cambió de dibujo.

El ingreso de Murillo por Galo, entre el 70′ y el 75′, buscaba sostener el medio. No lo logró. La salida fallida del 78′ convirtió ese cambio en parte del problema. La corrección de sistema pedida por los propios jugadores llegó cuando el partido ya estaba 3-4. Había mediocampo funcional al descanso; después del 60′ ese mediocampo quedó deshabitado por la prioridad de sumar un central extra.

Jerarquía en el momento del quiebre

Cuando el marcador se torció, Costa Rica mostró poca capacidad de frenar la oleada desde la cancha. Méndez ya no estaba en la zona donde había sido figura. Mora, autor del doblete, se vio resentido y agotado en el complemento, después habló de un golpe en el tobillo, y no fue sustituido en el tramo crítico. Sinclair, que todavía había tenido un cabezazo claro tras centro de Méndez antes de salir, dejó el campo justo cuando el equipo más necesitaba una salida de presión. El liderazgo visible quedó en gestos de Calvo y en pedidos de volver a cuatro; no en una reorganización colectiva que recuperara la pelota y el ritmo del primer tiempo.

Curazao, en cambio, encontró jerarquía exacta en los revulsivos. Gorré cambió el partido con el 3-1 y el 3-3. Chong puso el 3-2 de primera. Paulina asistió el descuento y cerró el 4-3. Advocaat no inventó un dibujo sofisticado: sumó gente de ataque fresca, aceptó más posesión y castigó espaldas y rechaces en un bloque rival que se había achicado solo.

Lo que el partido deja al proceso

El estreno formal de Batista en torneo continental quedó marcado por un hecho sin antecedentes en partidos oficiales de la selección absoluta: nunca Costa Rica había dejado escapar una ventaja de tres goles al descanso como local para terminar perdiendo. El dato no es adorno; mide la magnitud del colapso en Saprissa. La Liga de Naciones arranca con cero puntos en casa y con un viaje inmediato a Jamaica ante Haití en clima de crisis de confianza. En el estadio se pidió la salida del entrenador; en zona mixta los jugadores asumieron responsabilidad colectiva y hablaron de inexplicabilidad del 3-0 a 3-4.

Hacia adelante, el partido deja una tensión concreta de lectura táctica. El bloque de cuatro con Méndez, Acuña y Barahona en sus roles del primer tiempo produjo control y efectividad. El pase a cinco atrás, con delanteros de referencia fuera y el mejor mediocampista reconvertido en nueve, produjo cuatro goles en contra en menos de media hora. La pregunta que queda es si el cuerpo técnico sostiene el mecanismo que funcionó o vuelve a tocar un sistema estable para proteger un resultado que el jueves se protegió peor cuanto más atrás se defendió.