Un 0-3 en Anoeta invita a imaginar un monólogo; lo que hubo durante casi una hora fue una pugna áspera, trabada en el mediocampo y con poquísima claridad en las áreas. La goleada rojiblanca no nació de una superioridad aplastante de noventa minutos, sino del impacto directo que provocó el banquillo cuando el encuentro parecía empantanarse.

Diego Simeone planteó una estructura de inicio con Alejandro Grimaldo y Giuliano Simeone como carrileros, mientras Ademola Lookman, Kang-in Lee y Álex Baena rotaban por dentro. El plan funcionó para presionar alto y quitarle la pelota a la Real Sociedad durante los primeros compases, aunque dejó al descubierto una carencia evidente: la falta de una referencia fija en el área. Sin Julián Álvarez en la convocatoria y con Alexander Sørloth fuera por molestias musculares sin disputar un solo minuto, el Atlético acumuló toques sin llegada profunda.

La Real Sociedad, obligada a alinear una pareja defensiva inédita formada por Mamadou Sarr y el juvenil Luken Beitia debido a las bajas en la zaga, pasó apuros iniciales pero resistió con un Álex Remiro atento con los pies. Jon Aramburu empezó a sostener su banda ganando duelos, y el choque derivó en roces y faltas. Pese al control territorial del visitante, la ocasión más clara del tramo inicial llegó al minuto 25 con un peinazo de Morten Hjulmand a pase de Kang-in que rozó el poste. Hasta ese momento el equipo local no contabilizaba disparos, sostenido en ataque de forma tibia por Ander Barrenetxea y Gonçalo Guedes.

Cerca del minuto 38, una falla grave de Cristian «Cuti» Romero casi termina en autogol con Jan Oblak descolocado, lo que dio aire a la Real para forzar un tiro de esquina donde Guedes estuvo cerca de marcar tras un envío largo. Marcos Llorente, el punto más firme del Atlético en la primera parte gracias a sus robos y a dos balones en profundidad para Lookman que exigieron a Remiro, ayudó a sostener al equipo junto con los repliegues defensivos de Giuliano para irse al descanso con el marcador en cero.
El paso por el vestuario no mejoró al visitante: los primeros minutos del segundo tiempo mostraron a un Atlético desdibujado, expuesto por pérdidas en la salida y flojo en la disputa interior, coronado por una patada de Mikel Oyarzabal sobre Giuliano que terminó en una amonestación discutida. Ante un bloque que perdía fluidez y acumulaba reclamos, Simeone intervino en el minuto 58 con un triple cambio: salieron Baena, Kang-in Lee y Llorente para dar paso a Koke Resurrección, Johnny Cardoso y Jonathan David.
La sustitución reconfiguró de inmediato el comportamiento colectivo al fijar Jonathan David a Sarr y Beitia como delantero de área, lo que permitió a los carrileros atacar espacios con mejor orientación. Koke asumió el mando y el pase de salida para devolverle criterio a la posesión, mientras Cardoso aportó el despliegue físico necesario para imponerse en las disputas del mediocampo. La pugna interior que antes favorecía al trío local compuesto por Yangel Herrera, Carlos Soler y Luka Sučić pasó al control rojiblanco.
El técnico local, Matarazzo, buscó respuesta cerca del minuto 70 retirando a Barrenetxea y Guedes para dar entrada a Job Ochieng y Takefusa Kubo, con la intención de ganar desborde y verticalidad. La apertura del encuentro terminó favoreciendo al Atlético, que sumó frescura por fuera con el ingreso de Arnau Ortiz, mientras la Real refrescó la nómina con Orri Óskarsson y Urko Gorrotxategi al retirar a Soler y a un Oyarzabal condicionado por la tarjeta. Pese al recambio ofensivo, el cuadro local careció de contención cuando el trámite se aceleró.
Entre los minutos 75 y 80 el Atlético dio los avisos más claros con un remate de Jonathan David desviado por Remiro y un posterior disparo de Hjulmand ajustado al poste. El gol que destrabó el encuentro llegó al minuto 82 a partir de un centro que impactó en el brazo izquierdo extendido de Job Ochieng dentro del área. Tras unos segundos de duda, Martínez Munuera sancionó el penalti y el VAR ratificó la infracción. Grimaldo ejecutó con frialdad: engañó a Remiro, mandándolo a su izquierda, y definió suave hacia la derecha para gritar su primer tanto con la camiseta rojiblanca.
Con la Real volcada en busca del empate pero golpeada en su orden defensivo, el desenlace se precipitó. En el minuto 90, Grimaldo condujo por el sector izquierdo, cruzó el campo y habilitó a la derecha a Jonathan David. El atacante canadiense recortó ante Beitia y definió con el interior del pie izquierdo para celebrar su primer gol oficial con el club. Ya en el tiempo añadido, al minuto 95, Giuliano Simeone le ganó por potencia y velocidad la espalda a Sergio Gómez y Beitia para quedar mano a mano frente a Remiro y sellar el 0-3 definitivo.
El desplome final eclipsó el esfuerzo de varios nombres de la Real. Aramburu había completado un trabajo notable frenando a Lookman en el uno contra uno, pero terminó superado cuando el Atlético volcó refrescos y diagonales por su banda con Giuliano, Arnau y Grimaldo. Sarr y Beitia contuvieron la primera mitad con altura pero pagaron caro las transiciones abiertas en el cierre, mientras Remiro salvó a su equipo en múltiples ocasiones antes de quedar vendido en los tres goles. En el bando visitante, Grimaldo justificó su peso en el tramo final con gol, asistencia y conducción, Giuliano coronó con un tanto su labor de desgaste tras una semana de ruido externo, y Koke le devolvió al equipo la lectura de cuándo frenar y cuándo filtrar.

Las cifras respaldan la lectura de un choque definido por la efectividad en las áreas. Aunque la Real tuvo más la pelota, con un 53,5 % de posesión frente al 46,5 % visitante, el Atlético generó más y mejor: 13 remates y 5 a puerta contra 8 tiros y 3 al arco del conjunto vasco, que además estuvo los primeros 25 minutos sin probar puerta. Para el equipo de Simeone, cortar la racha sin recibir goles y presenciar los estrenos goleadores de Grimaldo y David ratifica que este plantel requiere una referencia en el área para que la movilidad de sus volantes no se diluya. El marcador abultado maquilla setenta minutos de paridad; la diferencia real fue un banquillo que reordenó el partido y un rival que, cuando el trámite se abrió, ya no tuvo contención.