Los Mets en su peor racha en 22 años: ¿Fin del beneficio de la duda?

Miércoles, 22 de Abril de 2026

Por Enrique Rivera

La chequera más cara de la liga para la misma vieja canción de los Mets: diez derrotas seguidas, un goteo de sangre azul que vacía Citi Field antes del séptimo inning y revive el fantasma de 2002 en Queens.

Los números de un colapso

Las estadísticas son frías, pero en este caso queman. Tras apenas 20 partidos, ningún equipo en todo el béisbol está más lejos del primer lugar de su división. Ninguno tiene un diferencial de carreras tan vergonzoso. Esta no es la mala suerte de una semana, es la evidencia de un equipo que no funciona. El beneficio de la duda, ese crédito que se le otorga a los proyectos millonarios al inicio de la temporada, se ha evaporado. No por la impaciencia de la gente, sino porque cada partido ofrece una nueva prueba de que algo fundamental está roto.

Caras nuevas, vicios viejos

La directiva creyó que firmar cheques resolvería los problemas. Trajeron a Bo Bichette, consiguieron a Juan Soto y esperaban que Francisco Lindor finalmente jugara al nivel de su contrato. Pero el béisbol no es un videojuego donde acumular talento garantiza el campeonato. Las piezas estelares no han hecho más que resaltar las mismas grietas que hundieron al equipo el año pasado, cuando ni siquiera alcanzaron los playoffs. Se repite el patrón: un pitcheo abridor decente que se queda sin respaldo, un bateo que se apaga cuando hay corredores en base y una defensa que concede más de lo que quita. El gasto récord solo ha conseguido ponerle nombres más famosos a los mismos errores de siempre.

La anatomía de una derrota diaria

Una racha de diez derrotas no es casualidad. Es un sistema fallando en cadena. Empieza con una defensa porosa que permite embasarse al hombre que no debía. Sigue con un bullpen que, en lugar de apagar el fuego, llega con un bidón de gasolina. Y termina con el silencio de los bates en los momentos de presión. Lindor, Bichette y Soto tienen el potencial para cargar con una ofensiva, pero no pueden lanzar, fildear y batear por los otros seis. Las victorias se escurren en detalles que un equipo de este calibre, de este presupuesto, no debería permitirse. Ya no vale la excusa de que «es temprano». La distancia en la tabla es real y la carga de la prueba pesa sobre unos hombros que, hasta ahora, se han encogido.

La primera grieta y lo que revela

Para colmo de males, la lesión de Soto ha dejado el barco sin uno de sus capitanes designados. Su ausencia expone la falta de profundidad de un roster diseñado para brillar con sus estrellas, no para sobrevivir sin ellas. Bichette todavía no calienta el madero y Lindor parece jugar con el peso del mundo sobre sus hombros. Pero los equipos campeones se construyen también con actores de reparto, con esos jugadores de rol que sostienen el fuerte cuando los protagonistas fallan. Los Mets, en su afán por coleccionar cromos caros, parecen haberse olvidado de ellos. Esta racha no es un accidente, es el resultado de una filosofía de construcción que valora más el cartel que la cohesión.

El fin de la paciencia

Los Mets no necesitan más cheques: necesitan un bullpen que no prenda fuego y un clubhouse que olvide el invierno. Si el dinero solo compra derrotas diarias, Queens aprenderá que el béisbol castiga a los que coleccionan estrellas sin alma.