La FIFA lucha por vender boletos para el debut de el USMNT en el Mundial 2026

Miércoles, 22 de Abril de 2026

Por Enrique Rivera

En el SoFi Stadium, miles de asientos vacíos esperan al anfitrión como un insulto silencioso.

Hay algo que no cierra en Los Ángeles. En el SoFi Stadium, una catedral de la ingeniería y el espectáculo, el partido inaugural de la selección de Estados Unidos en su propia Copa del Mundo tiene un problema que el dinero no parece poder resolver: miles de boletos siguen sin venderse. No es un rumor, es un dato frío que circula en los despachos de los organizadores y que proyecta una sombra incómoda sobre el debut del coanfitrión. Mientras la FIFA celebra una demanda récord en casi todos los frentes, el partido contra Paraguay del 12 de junio se ha convertido en un dolor de cabeza, una anomalía que expone la grieta entre la estrategia comercial global de Zúrich y la realidad de un mercado que no responde como se esperaba.

El muro de los $2,700 dólares

La razón más evidente tiene un número: $2,730 dólares por un asiento de categoría 1, $1,940 por uno de categoría 2. A menos de dos meses del pitazo inicial, estas entradas siguen disponibles, una imagen impensable en otros rincones del torneo. Para entender la magnitud del error de cálculo, basta mirar al sur. El debut de México contra Sudáfrica vio sus boletos más caros saltar de 1.825 a 2.985 dólares ante la avalancha de compradores. La FIFA, que recibió 508 millones de solicitudes en la primera fase, ha ajustado precios al alza en la mayoría de los 104 partidos. Pero con Estados Unidos, nada. El precio se mantiene congelado desde hace seis meses, una rigidez que ha matado la venta primaria.

El resultado es un goteo de apenas unas docenas de boletos vendidos por día desde que arrancó abril. El mercado secundario, ese termómetro infalible del interés real, confirma la fiebre baja: más de 4,000 entradas se ofrecen en la plataforma oficial de reventa, muchas por debajo de su valor original. FIFA se topó con la pared del bolsillo americano, subestimando que en el fútbol de este país, el acceso todavía pesa más que la exclusividad.

Un anfitrión sin hinchada local

El problema, sin embargo, es más profundo que la billetera. El SoFi Stadium está enclavado en el corazón de un territorio donde el fútbol se vive, casi siempre, con la camiseta de otro país. El sur de California es un mosaico de pasiones importadas, un lugar donde las lealtades a otras selecciones tienen raíces más hondas que el fervor por el equipo de las barras y las estrellas. No es una opinión, es historia. La selección estadounidense ha jugado en la región ante gradas semivacías, incluso en jornadas dobles de Nations League donde el público solo llegaba para el segundo partido, el que jugaba el rival de turno más convocante.

La segmentación de los compradores lo demuestra: el aficionado de Los Ángeles responde a identidades que cruzan fronteras. Y Paraguay, un rival digno pero sin una diáspora masiva en la zona, no mueve la aguja. Deja al anfitrión solo ante su espejo, obligado a generar un atractivo que, de momento, no tiene. Por eso otros partidos en el mismo estadio, con selecciones de menor perfil pero con una comunidad detrás, presentan una demanda mucho más saludable.

El espejismo de la selección

Esta venta a cámara lenta es también un baño de realidad sobre la popularidad real del USMNT fuera de las fases de eliminación directa. El equipo ha registrado entradas muy discretas en casa durante todo el ciclo hacia 2026, con estadios donde la afición visitante a menudo se hizo sentir más que la local. La tendencia se repite en el mismo SoFi: el segundo partido de grupo, contra Turquía, presenta cifras de venta casi idénticas a las del debut, a pesar de que sus precios subieron recientemente de $805 a $990 dólares.

La preocupación en las oficinas de la FIFA es palpable. Han lanzado ventas dirigidas a los grupos de animación organizados, cobrándoles un 10 por ciento de recargo administrativo pero sin tocar el precio base. Es un intento quirúrgico por tapar una vía de agua en partidos específicos, un reconocimiento tácito de que el tirón no es orgánico. La estrategia de retener un gran volumen de boletos para fases posteriores funcionó para crear una ilusión de entradas agotadas en 95 de los 104 partidos. Pero dejó al descubierto a los nueve encuentros con menor demanda, entre ellos los dos primeros de Estados Unidos y el debut de Canadá.

Atrapados entre la caja registradora y la vergüenza

La FIFA está atrapada en su propio laberinto. Por un lado, la obsesión por maximizar cada dólar de un total de 6,7 millones de boletos. Por otro, la necesidad de proyectar al mundo la imagen de un éxito rotundo, con estadios llenos y una atmósfera vibrante. Bajar los precios del Estados Unidos-Paraguay ahora sería admitir el error y, peor aún, devaluar el producto estrella del torneo. Mantenerlos podría significar la humillación televisiva de ver claros en las gradas durante el debut del anfitrión.

Ya se han asignado cerca de cinco millones de entradas para el torneo, pero la presión se concentra ahora en esos nueve partidos rezagados. La verdadera prueba de fuego llegará en las semanas previas al 12 de junio. Será entonces cuando se sepa si la estrategia de liberar boletos por goteo funciona o si la organización se ve forzada a tomar medidas drásticas.

Si el SoFi se llena de parches vacíos el 12 de junio, el fútbol sabrá que en Estados Unidos, el anfitrión es solo un invitado más.