El empate de ayer en San Mamés se explica por la capacidad del Alavés para imponer un bloque bajo de cinco defensores que obligó al Athletic a atacar siempre por el mismo camino. Con el 69% de la posesión y 23 remates, el equipo de Edin Terzic controló el territorio durante casi todo el derbi vasco, pero apenas generó filtraciones entre líneas ni superioridades reales en banda. Quique Sánchez Flores cedió el balón a conciencia, cerró el área con densidad y esperó el error. El punto visitante nació de esa renuncia ofensiva y de la incapacidad local para romperla con algo más que centros reiterados y un penalti que Oihan Sancet no transformó.

Desde el primer minuto el guion quedó fijado. El Athletic salió con posesión alta, laterales asimétricos y a Nico Williams e Iñaki Williams como referencias de ruptura. El Alavés respondió con un 5-3-2 que en defensa se compactaba en 5-4-1, con Nahuel Tenaglia y Abde Rebbach cerrando los carriles y Lucas Boyé y Mariano Díaz fijando a Aymeric Laporte y Aitor Paredes sin pedir demasiado el balón. La pelota circulaba delante del bloque visitante, pero sin ritmo de pase ni movimiento previo que abriera huecos. Íñigo Ruiz de Galarreta y Mikel Jauregizar tocaban hacia afuera con demasiada frecuencia, y el plan local caía en la previsibilidad que el Alavés había preparado.

El problema del Athletic estuvo en el mecanismo. La baja de última hora de Gorka Guruzeta dejó a Iñaki Williams como referencia de área sin el perfil de remate y ocupación que el delantero lesionado aporta. Robert Navarro y Nico Williams alternaban bandas, Sancet buscaba girar entre líneas y los pivotes abrían el juego casi de memoria. El primer tiempo fue plano: un córner temprano con remate de Iñaki por encima del larguero, un disparo raso de Jauregizar que Antonio Sivera detuvo en dos tiempos hacia el minuto 28 y una sucesión de centros mordidos que la línea de cinco despejaba sin apuro. San Mamés pedía velocidad; el equipo ofrecía reiteración.
Esa reiteración tenía un dueño táctico. Cada vez que el bloque alavés se cerraba, Galarreta elegía el envío temprano a banda en lugar de fijar primero al mediocampo rival con un tercer hombre o un apoyo interior. El Alavés no necesitaba recuperar alto. Le bastaba empujar al Athletic hacia los costados, ganar los duelos aéreos y salir en transición solo cuando la pérdida local era limpia. En 45 minutos el visitante casi no pisó el área de Unai Simón. No lo necesitaba. El empate ya era un resultado funcional para su lectura del partido.
El único desequilibrio sostenido del Athletic fue Nico Williams. Su duelo con Tenaglia definió tramos enteros del costado. Nico generaba el uno contra uno, forzaba faltas y producía casi todas las llegadas con peligro, aunque con errores de control y de decisión que diluían la ventaja. La narración del partido lo resume con crudeza: lo único reseñable lo hacía él, y aun así muchas jugadas se le escapaban en el último toque. El resto de la línea de creación no acompañó con la misma amenaza. Navarro aportaba menos desborde, Sancet no aparecía como filtro de calidad entre líneas y Iñaki terminaba disputando balones aéreos en inferioridad numérica dentro del área chica.

El Alavés gestionó ese duelo dentro del sistema, no solo con el lateral. Cuando Nico recibía abierto, el carrilero y el central cercano achicaban, el mediocampo tapaba la diagonal y el extremo contrario replegaba. No había dos contra uno limpio. Sin ese desborde colectivo, el Athletic terminaba colgando el balón al segundo palo o rematando desde fuera, opciones que Sivera y la zaga visitante resolvían con orden. Los 28 despejes del Alavés no son un adorno estadístico: miden la vocación de vivir dentro del área propia y salir limpio.

Terzic reaccionó hacia el minuto 60 con la doble entrada de Álex Berenguer y Maroan Sannadi por Jauregizar e Iñaki Williams. El cambio buscaba exactamente lo que faltaba: otra referencia de área y más llegada por dentro, con Berenguer aportando desborde y último pase en zonas de finalización. Los minutos siguientes fueron los mejores del Athletic. El equipo empujó con más gente, el ritmo subió y apareció la acción que debía destrabar el derbi.
Al minuto 69, Nico Williams recibió dentro del área y Tenaglia lo derribó. Víctor García Verdura señaló penalti. Sancet se hizo cargo del lanzamiento. El golpeo salió blando, a media altura, y Sivera lo detuvo. Era el primer penalti que el portero alavés atajaba en Primera tras 25 cobros en contra a lo largo de su carrera, y cortaba además una racha larga de acierto de Sancet desde los once metros. El fallo no solo mantuvo el 0-0. Evitó que el Alavés se viera obligado a abrirse. El guion de dominio estéril siguió intacto porque el visitante nunca tuvo que abandonar el bloque bajo para remontar.
Ahí se concentra el punto de quiebre real del partido. El gol hubiera forzado a Sánchez Flores a sumar gente arriba y a ceder espacios a la espalda de la línea de cinco. Sin ese gol, el Athletic siguió atacando un dibujo compacto y el Alavés conservó la ventaja posicional que había construido desde el inicio.

Después del penalti, Terzic insistió. Peio Canales entró por Navarro cerca del minuto 75 para sumar calidad de pase en el último tercio. El Alavés respondió con Toni Martínez por Mariano, Ángel Pérez y Antonio Blanco, manteniendo la línea de cinco con Tenaglia de carrilero y más amenaza a la espalda. El partido se abrió apenas, y en esa grieta apareció la acción más peligrosa visitante de la noche.
Hacia el minuto 78, Ángel Pérez se plantó solo tras una pérdida local. Unai Simón salió fuera del área, anticipó y abortó el mano a mano. Fue la intervención decisiva del portero rojiblanco en un partido en el que apenas había sido exigido entre los tres palos. El Alavés no necesitó volumen ofensivo: con dos remates en todo el encuentro le bastó una transición limpia para estar a un toque de llevarse los tres puntos. Simón evitó que el dominio territorial del Athletic se convirtiera en derrota.
El tramo final confirmó el atasco. Yuri Berchiche se dolió de la ingle y salió; Berenguer pasó a lateral zurdo y Nico Serrano debutó en la temporada. El Athletic siguió colgando balones sin precisión. En el descuento hubo un rebote y un mano a mano que terminó en córner, calificado como la ocasión más clara local del partido, otra vez sin red. San Mamés se vaciaba antes del pitido final con la sensación de un equipo que había tenido el balón y no el gol.
El Athletic suma 8 puntos en seis partidos y encadena empates locales sin pegada. La lectura táctica apunta a un patrón: ante rivales que ceden la iniciativa y cierran con cinco, el equipo de Terzic sigue dependiendo de extremos y segundas jugadas, con pivotes que abren demasiado pronto y sin una referencia de área que condicione a los centrales rivales cuando falta Guruzeta. Nico Williams puede generar el desequilibrio individual, pero no compensa solo la falta de filtros interiores ni la escasez de dos contra uno elaborados. El penalti fallado de Sancet es el síntoma más visible de una tarde sin castigo; el problema de fondo es la dificultad para mover el bloque rival antes de colgar el balón.
El Alavés se marcha con 11 puntos tras siete jornadas y un punto de enorme valor en Bilbao. Sánchez Flores revalidó un plan austero y eficaz: ceder el campo, no conceder remates claros, sostener duelos y esperar la transición. Sivera fue la figura con la parada del penalti y la gestión de centros. Tenaglia contuvo el costado más peligroso. Boyé y Mariano cumplieron el trabajo de desgaste. El visitante casi no chutó entre palos y aun así protegió su arco durante más de 95 minutos.
El derbi deja una tensión concreta. El Athletic domina sin romper bloques bajos y necesita encontrar, en el once o en el banquillo, una vía de penetración que no sea el centro reiterado ni la individualidad de Nico. El Alavés demuestra que puede vivir lejos de la pelota y salir vivo de San Mamés si mantiene la compactación y la concentración en el área propia. El 0-0 fue el resultado de un equipo que atacó siempre por el mismo carril y de otro que cerró ese carril durante todo el partido.

